En los últimos meses, asistimos a una ofensiva discursiva tan preocupante como injusta por parte de los sectores patronales. Con una ligereza contable alarmante, se ha puesto de moda etiquetar conceptualmente bajo el paraguas del "absentismo laboral" lo que en realidad son situaciones de Incapacidad Temporal (IT). Desde este Comité, y asumiendo un análisis sociolaboral riguroso, queremos desmantelar este relato criminalizador: la baja médica no es una falta injustificada ni un fraude; es la protección de un derecho fundamental cuando la salud quiebra.

Los datos del reciente informe de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Promoción Humana reflejan una realidad incontestable y estructural, lejos del sesgo coyuntural que la patronal pretende dibujar. Entre 2017 y 2024, mientras el empleo creció un respetable 15,1%, los procesos de IT se dispararon un 83%, pasando de 4,7 a 8,6 millones. Hoy en día, entre 1,5 y 1,6 millones de personas se encuentran diariamente de baja médica en España.

¿Estamos ante una epidemia de "picaresca" obrera, como insinúa el discurso empresarial? Rotundamente no. Los datos demuestran que el trabajo en España está enfermando a su población activa, y lo hace por razones muy claras:

  1. La crisis de salud mental y precariedad: La ansiedad, la depresión y el agotamiento emocional (burnout) se han consolidado como las principales causas de baja, ensañándose especialmente con la juventud. Los ritmos de trabajo inhumanos, los objetivos inalcanzables y la inseguridad laboral cronifican el sufrimiento psíquico.

  2. El envejecimiento de la fuerza de trabajo: La edad media del ocupado ha subido a los 44 años; el tejido laboral cuenta con un 21% de trabajadores mayores de 55 años. Es una consecuencia natural que los procesos médicos en edades avanzadas sean más largos y complejos.

  3. El colapso del sistema sanitario: Señalar al trabajador por la duración de su baja es de un cinismo atroz cuando la saturación de la sanidad pública, con listas de espera interminables para pruebas y consultas, es la que prolonga artificialmente los tiempos de recuperación.

Desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo debe estar en función del ser humano y no al revés. Como recordaba el Papa Francisco, «un trabajo que no cuida, que destruye la creación y pone en peligro la supervivencia de las generaciones futuras, no respeta la dignidad de los trabajadores». La salud no puede ser un coste a minimizar en la cuenta de resultados de las empresas; la IT es un derecho constitucional, un mecanismo de justicia social que humaniza nuestra sociedad.

El verdadero reto macroeconómico y sindical no consiste en perseguir penalmente las bajas o endurecer los controles para asustar al empleado enfermo, sino en activar políticas urgentes de prevención de riesgos laborales, combatir la precariedad, adaptar los puestos al envejecimiento de la plantilla y poner la dignidad de la persona en el centro de la economía.

Escuchar las bajas por IT no es mirar los costes del PIB; es escuchar la calidad del empleo que estamos construyendo. Dejemos de hablar de absentismo y empecemos a hablar de cuidados, salud y dignidad laboral.